El cemento se está secando.

Hace un rato me he leído un artículo impresionante sobre la crisis subprime de Nacho Giral que me ha gustado mucho, no dice nada nuevo pero explica muy bien los nuevos conceptos que el ciudadano de a pié tiene que entender para poder analizar un poco de donde viene esta crisis.

Como decían en aquel anuncio “Será el café?” (aquí ya se me empieza ha ver un poco la edad que arrastro). Hoy me he ido de reunión con constructores y vuelvo harto de oír sandeces que para colmo solo sirven para pillar desgraciados.  Compraron un terreno a muy buen precio que fue el pase de otro constructor (a los propietarios les pusieron dos pesetas en el bolsillo y aún siguen esperando cobrar, todo gracias al buen consejo del abogado de los propietarios que tras previo pago de una suma les aconsejó que era un buen contrato), pero como todo en esta vida llega, un día se terminó el plazo en el que tenían que hacer efectivo el pago. Fueron a su banco de confianza pero el panorama había cambiado, no es bonito deber más de 5.000 millones en los tiempos que corren, aún y haber comprado el chollo de tu vida, así que solo les ofrecieron financiar menos del 40 % del valor del terreno. Ellos ya se lo imaginaban, el terreno hacia meses que corría de promotor en promotor como una patata caliente, necesitaban pagar y poder financiar sus tensiones de tesorería pero los promotores sabían que era una inversión que en años no tendría salida.

Los propietarios llegado el vencimiento decidieron esperar para que encontrasen una solución, hasta que hubo un día que tuvieron que dar la cara (hoy) . La solución propuesta era otro golpe de ingeniería financiera, escriturar, hipotecar, pagar menos del 30 % del valor del terreno y emitir pagarés a un año vista (con un pago de intereses del 5 %).

Si analizamos un poco más este último párrafo podemos apreciar muchas similitudes con la actual política bancaria de refinanciación de promotores (retrasar y incrementar el brownie que ya tenemos) y no decir ni mu para que no corra la voz que estamos chungos.

Continuando con la genialidad, si al finalizar el año no se realizaba el pago, el terreno regresaría a sus propietarios (el terreno y sus cargas), es decir, hipotecamos, nos metemos el dinero en el bolsillo, no pagamos al cabo de un año y salimos airosos de una operación que no nos teníamos que haber metido nunca y que no podemos asumir.

Hablamos de operaciones grandes y solo el intentar este tipo de soluciones demuestra como ha ido el mundo de la construcción.

La solución en próximos capítulos, y también como intentar superar la crisis que viene aunque con agentes como estos el tema está complicado.